La digitalización deja de ser discurso y pasa a ser una decisión de inversión
Durante las primeras semanas de 2026, una señal concreta desde la industria marcó el inicio del año: la digitalización dejó de ser una intención estratégica y pasó a convertirse en una decisión presupuestaria real. Distintos reportes recientes indican que más del 75 % de las compañías mineras ya está invirtiendo de forma activa en autonomía y digitalización operativa, con montos que en muchos casos superan varios millones de dólares anuales. Este dato no es menor. Refleja un cambio relevante respecto a años anteriores, donde muchas iniciativas digitales se mantenían en etapas piloto o como proyectos exploratorios. Hoy, la industria está destinando recursos a soluciones que impacten directamente la operación, buscando resultados concretos en productividad, continuidad y eficiencia. Sin embargo, este avance también deja en evidencia un nuevo desafío. A medida que las inversiones en tecnología aumentan, el problema ya no es la falta de datos, sino cómo se integran y utilizan en la operación diaria. Muchas organizaciones cuentan con sensores, plataformas y reportes, pero siguen enfrentando fricciones entre terreno y oficina, retrabajos operativos y decisiones que llegan tarde. En ese contexto, el foco del mercado comienza a desplazarse: ya no basta con digitalizar, ahora se exige que la digitalización funcione en la práctica. La prioridad está en soluciones que ordenen la información desde su origen, faciliten la comunicación operativa y permitan transformar datos en decisiones oportunas y trazables. Desde DGI Solutions, esta tendencia está directamente alineada con el trabajo que venimos desarrollando tanto en Chile como en el extranjero. Herramientas como Valoon, orientadas a estructurar la comunicación y los datos desde terreno, y Uptake, enfocadas en analítica avanzada y mantenimiento predictivo, responden a esta nueva etapa de madurez digital que la industria está comenzando a exigir. La reflexión para este inicio de 2026 es clara: la transformación digital ya no se mide por la cantidad de tecnología implementada, sino por su impacto real en la operación. En un escenario donde la industria está invirtiendo de forma decidida, el desafío está en conectar personas, datos y decisiones para que esa inversión genere valor sostenido. De cara a este nuevo año, el foco estará puesto en ejecutar bien: menos ruido, menos retrabajo y más decisiones informadas desde el terreno hacia la gestión.
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